¿Cómo logro convencer a mis lectores de su existencia?
Él está ahí,
camina por el techo de chapa de
la casa de al lado,
señorial y provocador.
Su plumaje negro caoba durante el día
y negro ébano durante
la noche,
no me permite conciliar
el sueño.
Sólo deseo mirarle y descubrir
el porque de sus apariciones
y porque no, de su existencia.
Todo comenzó el miércoles a las dos de la mañana, cuando ahogada del calor y la quietud de mi habitación, abrí la ventana en busca de una brisa.
Allí estaba, parado y quieto
en la juntura del techo
en la fachada misma de la casa,
cual gárgola.
Quieto y majestuoso,
con aire de tirano.
¿Anuncias algo? -le pregunté-
¿Debo escuchar tu presagio?
¿Qué dios nórdico o escandinavo te envió a estas tierras?
Ha desplegado sus alas y
ha planeado sobre la casa,
al mismo tiempo aparecía el sol,
te ha inyectado energía,
tu lo sabes;
él alimenta, no sólo tu existencia
sino también tu ego.
Ha desaparecido, por un instante quizás, pero
su precipitada aparición azarosa,
permanece impregnada en mi memoria.
Ahora estará allí,
en algún lugar de Sydney,
en alguna casa,
cruzando alguna avenida,
bebiendo agua del mar de Tasmania,
asustando a algún infante,
añorando un corazón.
Al caer la tarde vuelve,
pasa por mi ventana
me mira y se posa,
en la casa del frente.
Allí se queda,
sin mover las alas,
sin escarbar con tu filoso pico
en su grandioso y enigmático plumaje,
sin esconder sus patas.
Nada.
Observa el atardecer,
el anochecer y yo
irremediablemente,
lo observo con él.
¿Qué día es hoy?
¿Qué he hecho hoy?
¿Qué planes he llevado acabo?
Son preguntas que me pesan, aunque
más me pesa el no saber
dónde has estado,
el porque has vuelto
y si este,
es el preludio de tu
presagio.
Thursday, September 01, 2011
Wednesday, April 13, 2011
La mujer flaca
Pasea por Circular Quay
y no mira,
sólo se deja llevar por la
brisa que acaricia al
mar de Tasmania.
Y se tuerce como un papel,
al doblar la esquina.
La perdemos de vista
pero cuando aparece,
la adoramos y ella
se esfuerza por proyectar
sombra.
La mujer flaca,
no llora ni sonríe,
por miedo a que los surcos de la vida
cartografíen su existencia.
La mujer flaca pierde el tiempo
en aparentar ser libre,
mientras la gorda
disfruta de lo que ella no tiene.
y no mira,
sólo se deja llevar por la
brisa que acaricia al
mar de Tasmania.
Y se tuerce como un papel,
al doblar la esquina.
La perdemos de vista
pero cuando aparece,
la adoramos y ella
se esfuerza por proyectar
sombra.
La mujer flaca,
no llora ni sonríe,
por miedo a que los surcos de la vida
cartografíen su existencia.
La mujer flaca pierde el tiempo
en aparentar ser libre,
mientras la gorda
disfruta de lo que ella no tiene.
Paisaje de la multitud que vomita
La mujer gorda venía adelante
arrancando las raíces y mojando el pergamino de los tambores.
La mujer gorda,
que vuelve del revés los pulpos agonizantes.
La mujer gorda, enemiga de la luna,
corría por las calles, y los pisos desabitados
y dejaba por los rincones pequeñas calaveras de paloma
y levantaba las furias de los banquetes de los siglos últimos
y llamaba al demonio del pan por las colinas del cielo barrido
y filtraba un ansia de luz en las circulaciones subterráneas.
Son los cementerios. Lo sé. Son los cementerios
y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena.
Son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora
los que nos empujan en la garganta.
(...)
F. G. Lorca, "Poeta en Nueva York", Ed. Cátedra. Madrid, 2006.
arrancando las raíces y mojando el pergamino de los tambores.
La mujer gorda,
que vuelve del revés los pulpos agonizantes.
La mujer gorda, enemiga de la luna,
corría por las calles, y los pisos desabitados
y dejaba por los rincones pequeñas calaveras de paloma
y levantaba las furias de los banquetes de los siglos últimos
y llamaba al demonio del pan por las colinas del cielo barrido
y filtraba un ansia de luz en las circulaciones subterráneas.
Son los cementerios. Lo sé. Son los cementerios
y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena.
Son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora
los que nos empujan en la garganta.
(...)
F. G. Lorca, "Poeta en Nueva York", Ed. Cátedra. Madrid, 2006.
Sunday, April 10, 2011
Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez* los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
(...)
César Vallejo, "Antología poética", Ed. EDAF. 3ra edición, Madrid. 2005.
Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez* los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
(...)
César Vallejo, "Antología poética", Ed. EDAF. 3ra edición, Madrid. 2005.
Sunday, March 13, 2011
Composición errática nro 5053
Nada es gris, aunque la suerte
de brisa vespertina no te abrace
ni te sonría
de brisa vespertina no te abrace
ni te sonría
Thursday, January 20, 2011
Membretes
¡Sin pie, no hay poesía! -exclaman algunos. Como
si necesitásemos de esa confidencia para reconocerlos.
Europa comienza a interesarse por nosotros. ¡Dis-
frazados con las plumas o el chiripá que nos atribuye,
alcanzaríamos un éxito clamoroso! ¡Lástima que nuestra
sinceridad nos obligue a desilucionarla... a presentarnos
como somos; aunque sea incapaz de diferenciarnos...
aunque estemos seguros de la rechifla!
Llega un momento en que aspiramos a escribir algo
peor.
El ombligo no es un órgano tan importante como
imaginan ustedes... ¡Señores poetas!
¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política? ... Seamos argen-
tinos, gritan algunos... sin advertir que la nacionalidad
es algo tan fatal como la conformación de nuestro
esqueleto.
¡Impongámonos ciertas normas para volver a expe-
-rimentar la complacencia ingenua de violarlas! La reha-
bilitación de la infidelidad reclama de nosotros un
candor semejante. ¡Ruboricemonos de no poder rubo-
rizarnos y reinventemos las prohibiciones que nos con-
vengan, antes de que la libertad alcance a esclavizarnos
completamente!
(...) Oliverio Girondo.
si necesitásemos de esa confidencia para reconocerlos.
Europa comienza a interesarse por nosotros. ¡Dis-
frazados con las plumas o el chiripá que nos atribuye,
alcanzaríamos un éxito clamoroso! ¡Lástima que nuestra
sinceridad nos obligue a desilucionarla... a presentarnos
como somos; aunque sea incapaz de diferenciarnos...
aunque estemos seguros de la rechifla!
Llega un momento en que aspiramos a escribir algo
peor.
El ombligo no es un órgano tan importante como
imaginan ustedes... ¡Señores poetas!
¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política? ... Seamos argen-
tinos, gritan algunos... sin advertir que la nacionalidad
es algo tan fatal como la conformación de nuestro
esqueleto.
¡Impongámonos ciertas normas para volver a expe-
-rimentar la complacencia ingenua de violarlas! La reha-
bilitación de la infidelidad reclama de nosotros un
candor semejante. ¡Ruboricemonos de no poder rubo-
rizarnos y reinventemos las prohibiciones que nos con-
vengan, antes de que la libertad alcance a esclavizarnos
completamente!
(...) Oliverio Girondo.
Tuesday, January 18, 2011
Composición nro 25
No le creas al mundo (decía él, mientras sentía que el tiempo y la distancia dañaba la conexión)
no escuches sus multicultural voces,
el sonido enceguece tus ojos,
bellos ojos que me miran y se iluminan,
(quiero guardar ese recuerdo para siempre)
y revivirlo cada día.
No escuches al mundo, que
perdido va creyendo que ama
y cada mañana siente que hace la
diferencia
No le creas, espera y veras,
que tu y yo valemos más que ellos (los otros, los que no sienten como tú)
... y los errores de los otros.
Espera, tu yo yo podremos darle
cuerpo, a la fe y la confianza
e infundirle alma a la felicidad.
No le creas, nadie escribe las reglas,
sólo tu y yo construimos esto,
y esto es algo de a dos.
no escuches sus multicultural voces,
el sonido enceguece tus ojos,
bellos ojos que me miran y se iluminan,
(quiero guardar ese recuerdo para siempre)
y revivirlo cada día.
No escuches al mundo, que
perdido va creyendo que ama
y cada mañana siente que hace la
diferencia
No le creas, espera y veras,
que tu y yo valemos más que ellos (los otros, los que no sienten como tú)
... y los errores de los otros.
Espera, tu yo yo podremos darle
cuerpo, a la fe y la confianza
e infundirle alma a la felicidad.
No le creas, nadie escribe las reglas,
sólo tu y yo construimos esto,
y esto es algo de a dos.
Sunday, December 05, 2010
Lo más inmediato
.......... abiertas las ventanas del cielo
y libre el genio de noche,
el celeste asaltante que ha engañado
en tantas lenguas prosaicas nuestra tierra
y removió los restos
hasta ahora.
Mas llegará aquello que yo quiero.
y libre el genio de noche,
el celeste asaltante que ha engañado
en tantas lenguas prosaicas nuestra tierra
y removió los restos
hasta ahora.
Mas llegará aquello que yo quiero.
F. Holderlin, Poemas.
Versión: Luis Cernuda
Ed. Visor Libros, 1996.
Ed. Visor Libros, 1996.
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