Thursday, September 01, 2011

El cuervo / La aparición

¿Cómo logro convencer a mis lectores de su existencia?


Él está ahí,
camina por el techo de chapa de
la casa de al lado,
señorial y provocador.
Su plumaje negro caoba durante el día
y negro ébano durante
la noche,
no me permite conciliar
el sueño.

Sólo deseo mirarle y descubrir
el porque de sus apariciones
y porque no, de su existencia.

Todo comenzó el miércoles a las dos de la mañana, cuando ahogada del calor y la quietud de mi habitación, abrí la ventana en busca de una brisa.

Allí estaba, parado y quieto
en la juntura del techo
en la fachada misma de la casa,
cual gárgola.

Quieto y majestuoso,
con aire de tirano.

¿Anuncias algo? -le pregunté-
¿Debo escuchar tu presagio?
¿Qué dios nórdico o escandinavo te envió a estas tierras?

Ha desplegado sus alas y
ha planeado sobre la casa,
al mismo tiempo aparecía el sol,
te ha inyectado energía,
tu lo sabes;
él alimenta, no sólo tu existencia
sino también tu ego.

Ha desaparecido, por un instante quizás, pero
su precipitada aparición azarosa,
permanece impregnada en mi memoria.

Ahora estará allí,
en algún lugar de Sydney,
en alguna casa,
cruzando alguna avenida,
bebiendo agua del mar de Tasmania,
asustando a algún infante,
añorando un corazón.

Al caer la tarde vuelve,
pasa por mi ventana
me mira y se posa,
en la casa del frente.

Allí se queda,
sin mover las alas,
sin escarbar con tu filoso pico
en su grandioso y enigmático plumaje,
sin esconder sus patas.

Nada.

Observa el atardecer,
el anochecer y yo
irremediablemente,
lo observo con él.

¿Qué día es hoy?
¿Qué he hecho hoy?
¿Qué planes he llevado acabo?
Son preguntas que me pesan, aunque
más me pesa el no saber
dónde has estado,
el porque has vuelto
y si este,
es el preludio de tu
presagio.




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