¡Sin pie, no hay poesía! -exclaman algunos. Como
si necesitásemos de esa confidencia para reconocerlos.
Europa comienza a interesarse por nosotros. ¡Dis-
frazados con las plumas o el chiripá que nos atribuye,
alcanzaríamos un éxito clamoroso! ¡Lástima que nuestra
sinceridad nos obligue a desilucionarla... a presentarnos
como somos; aunque sea incapaz de diferenciarnos...
aunque estemos seguros de la rechifla!
Llega un momento en que aspiramos a escribir algo
peor.
El ombligo no es un órgano tan importante como
imaginan ustedes... ¡Señores poetas!
¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política? ... Seamos argen-
tinos, gritan algunos... sin advertir que la nacionalidad
es algo tan fatal como la conformación de nuestro
esqueleto.
¡Impongámonos ciertas normas para volver a expe-
-rimentar la complacencia ingenua de violarlas! La reha-
bilitación de la infidelidad reclama de nosotros un
candor semejante. ¡Ruboricemonos de no poder rubo-
rizarnos y reinventemos las prohibiciones que nos con-
vengan, antes de que la libertad alcance a esclavizarnos
completamente!
(...) Oliverio Girondo.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment