El milagro no es la noche
ni el día, ni la fecha;
el milagro es la reunión,
es el sonido del teléfono
o la carta que tarde
y callada llega.
Sin miedo a ser,
a cruzar ríos y mares
con ese azul cielo;
que como barco carguero
recorre los caminos
de piratas.
Las palabras anteriores
son la compañía y
la esperanza del
eterno regreso.
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